"Yo Protejo Mis Ranitas": Cuando la comunidad se convierte en guardiana de su propio territorio
- 24 mar
- 3 Min. de lectura
En el corazón del sur de Chile, se teje una red de personas que han decidido hacer algo concreto por la naturaleza que habita junto a ellas. Una de esas personas es Rocío Fierro, más conocida como @tia_hojita, educadora ambiental que vive en Los Muermos y que desde 2022 forma parte del Programa de Conservación de Tierras Yo Protejo Mis Ranitas de la ONG Ranita de Darwin, bajo el nombre Refugio de Ranitas "El Mañio".

Rocío no es solo propietaria de un refugio: es vecina, educadora y parte activa de la comunidad que habita ese territorio. Y es precisamente desde ese lugar, desde donde cobra mayor sentido su participación en el Programa de conservación de tierras.
Fue en ese espíritu que la ONG Ranita de Darwin, a través de Bastián Santana, Encargado de Conservación de Tierras, llegó hasta la Escuela Particular Estaquilla N° 221, en la localidad de Estaquilla, La visita, parte de nuestro seguimiento anual del programa, se convirtió en una jornada de educación ambiental en la que 9 estudiantes, junto a sus profesoras, aprendieron sobre la Ranita de Darwin, su importancia en el ecosistema y las amenazas que enfrenta por la pérdida de su hábitat.




La actividad fue participativa, cercana y significativa. Rocío, quien además trabaja como asistente de la educación en la escuela, fue puente natural entre la ONG y la comunidad escolar: alguien conocida, de confianza, que ya lleva la conservación en su quehacer cotidiano. Al cierre de la jornada, cada niño y niña recibió un póster con los anfibios del sur de Chile —disponible también para descarga gratuita en ranitadedarwin.org/infografias— como un recordatorio tangible de lo aprendido.
La fuerza de lo local y la responsabilidad de lo colectivo
Lo que hace importante a nuestro Programa de Conservación de Tierras no es solo la suma de hectáreas protegidas, sino la suma de personas que eligen cuidar lo que tienen cerca. Cada propietario o propietaria que se une a esta red, sea con un terreno grande o pequeño, rural o periurbano, amplía el corredor de hábitat disponible para especies como la Ranita de Darwin, las ranitas de hojarasca, ranitas moteadas, ranitas esmeralda, en fin, un sinfín de anfibios amenazados que dependen de ambientes húmedos y boscosos, justamente los que caracterizan esta parte del país.

Cuando una comunidad conoce la fauna de su entorno, cuando los niños y niñas aprenden a nombrar y valorar las especies que viven junto a ellos, cuando los vecinos deciden que su tierra puede ser también un refugio, la conservación deja de ser una idea abstracta y se convierte en cultura, identidad y arraigo.
Sin embargo, es necesario ser honestos: las comunidades que habitan estos territorios son también comunidades vulnerables. Su compromiso con la conservación es genuino y profundo, pero no puede sostenerse en el tiempo si no está acompañado de condiciones reales para vivir con dignidad. Cuidar el bosque no debería ser una carga que recae solo sobre quienes tienen menos recursos y más exposición a los efectos del deterioro ambiental. Por eso, la acción local, tan valiosa e irreemplazable, necesita un camino de desarrollo sustentable que permita a estas comunidades habitar su territorio de forma saludable, limpia y justa.
Aquí es donde el Estado y los grandes proyectos tienen una responsabilidad ineludible. La conservación no puede depender únicamente de la voluntad individual de vecinos y vecinas que, con sus propios medios, deciden proteger lo que los rodea. Se necesitan políticas públicas que respalden estas iniciativas, marcos normativos que protejan los ecosistemas frente a la expansión de actividades extractivas, y empresas e instituciones que entiendan que el desarrollo económico solo es legítimo cuando no destruye el territorio que lo sustenta.
El Estado y los privados deben unirse a estas redes comunitarias de conservación, no como observadores ni como financistas ocasionales, sino como actores comprometidos con el mismo territorio.
"Yo Protejo Mis Ranitas" nos recuerda que la protección de la biodiversidad depende de la decisión cotidiana de personas como Rocío, que habitan el sur, que conocen su tierra y que eligen cuidarla. Pero también nos recuerda que esa decisión merece ser sostenida, acompañada y reconocida por una sociedad que comprenda que sin comunidades sanas, no hay territorios vivos.
Gracias por leer nuestro blog: "Yo Protejo Mis Ranitas": Cuando la comunidad se convierte en guardiana de su propio territorio
Agradecemos a Javiera Sepúlveda por su colaboración en este artículo.
Puedes ser parte de nuestra ONG mediante el programa de donaciones Adopta una Ranita de Darwin, Descubre más en https://www.ranitadedarwin.org/adoptayunete





































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